Al menos un millón de colombianos clamó contra el secuestro participando en diversas ciudades del país en marchas, cadenas humanas, misas y conciertos para lanzar un grito de rechazo y dolor contra el cautiverio de miles de personas.
La manifestación fue una señal de duelo del país desde que se anunciara la muerte de 11 ex diputados secuestrados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.
Los conductores tocaron sus bocinas, los trabajadores abandonaron sus oficinas y se plantaron en la calle con banderas y pañuelos blancos, mientras que cientos de miles de ciudadanos marcharon en las principales ciudades del país a los gritos de "¡Libertad! ¡Libertad!" y al sonido de pitos y bocinas que inundaron las calles.
Por su parte, la Iglesia católica se unió al sentimiento colombiano apoyando a los manifestantes y reiterando su compromiso y disponibilidad de trabajar con las comunidades para seguir buscando auténticos caminos de perdón, reparación, reconciliación y verdad.
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